Quizás por eso leo libros de historias difíciles propensos a hacerte llorar.
Quizás el vacío que siempre he sentido tenía que ver con la herida de no ser suficiente.
Quizás tenga que sanarla.
Quizás...
Creo que no hay algo que pueda pesar tanto como el silencio.
Y llevo mucho tiempo callada...
Tengo tanto silencio dentro que ha secado la tinta con la que escribo.
Y más que palabras quedan recuerdos.
Recuerdos de un pasado muy presente y de un futuro incierto.
Me duele lo que fui, lo que no soy y lo que no seré.
Me duele lo que soy ahora porque no es lo que quiero ser.
Me duele también lo que fui y ya no soy y nunca podrá ser.
Me duelo.
Todo está roto y no se cura ni con el tiempo, ni tiritas, ni cosiendo. Alivia no andar sobre cristales rotos. Pero a veces piso la alfombra y me doy cuenta que siguen debajo. Y me corto, pero sigo andando. Empiezo a andar de puntillas y siento que los cristales se hacen más grandes y me queman los pies cuando entra el sol por la ventana y me siento triste porque se supone que todo está bien cuando sale el sol. Pero el sol solo deja ver con más claridad todo lo que hay debajo.
Y siento tanto por un instante, que de repente dejo de ser.
Y me pierdo.
Y dejo de saber quién soy.
Y no me encuentro.
Porque mi brújula solo señala al norte.
Pero no sé a cuál de ellos.
No comments:
Post a Comment